Cuando Debra tenía 11 años, necesitaba un conjunto nuevo para un baile. A diferencia de la mayoría de los niños de 11 años, no quería elegir algo de la tienda; quería diseñar algo propio. Debra fue a la tienda de telas para escoger sus propios materiales y luego a una costurera para que le hiciera un conjunto a medida. Esta experiencia de la infancia dejó una huella duradera en Debra y empezó a formarse con una costurera.
Sin embargo, pronto se dio cuenta de que le interesaba más el aspecto del diseño que la costura en sí. Al crecer, la exposición de Debra a la moda fueron las revistas Vogue y Harper’s Bazaar, y aunque le encantaba la moda, tenía una idea limitada de lo que significaba dedicarse a ello como carrera.
Con el apoyo de sus padres, Debra fue a la universidad y estudió periodismo, con la esperanza de algún día escribir artículos para revistas como sus antiguas favoritas. Sin embargo, a medida que continuaba su formación, se interesó por explorar otras vías dentro de la industria de la moda. En el fondo, había una idea que no dejaba de rondarle: quería ser diseñadora.
Debra, dividida entre sus estudios de periodismo y su deseo de diseñar ropa, se encontraba en una encrucijada. Recurrió a su padre en busca de consejo. Era un hombre de pocas palabras, pero siempre le decía lo importante que era ser fiel a sí misma y seguir su propio camino. «Me ha permitido descubrir mi libertad y por eso le estaré eternamente agradecida».
Al sentirse más segura de sus sueños, empezó a diseñar. Igual que cuando era niña, tenía una visión de un tipo de ropa original para producir. Quería volver a sus raíces y diseñar prendas con vínculos con su Cuba natal. En concreto, le atraía la camisa guayabera. «La guayabera es la prenda más icónica de la cultura latina. Es un símbolo, como ningún otro, de la elegancia latina», dice Debra con un orgullo radiante.
Debra se mudó recientemente a Miami y está trabajando para hacer crecer su negocio en una nueva ubicación, manteniendo al mismo tiempo una base en Nueva York. Su banquero personal en Chase le recomendó Ascendus, donde obtuvo un préstamo con planes de ampliar el enfoque de sus diseños para incluir ropa de noche para mujer. El préstamo ha ayudado a Debra a impulsar su expansión y a crear muestras.
Por muy exitoso que haya sido su negocio, Debra reconoce que ser propietaria de una pequeña empresa dista mucho de ser fácil. Es un trabajo muy duro, dice, pero cuando tiene un sueño —algo que le interesa tanto que no se le va de la cabeza— tiene que ir a por ello. Y, aun con todos los retos, también hay pequeñas joyas. «Ver a otras personas llevando tus diseños», dice Debra, «¡es para eso para lo que viven los diseñadores!». Cuando Debra reflexiona sobre su trayectoria, agradece el ánimo de sus padres y el consejo de su padre. Debra nos dijo: «Mi padre es, sin duda, mi héroe».
