Ser propietario de una empresa puede ser un potente motor de movilidad económica. Por lo general, los emprendedores tienen mayores ingresos, más ahorros y una mayor riqueza familiar que quienes no son propietarios³.
Las pequeñas empresas representan el 99,9 % de todas las compañías en EE. UU., generan casi la mitad del PIB del país y han creado 12,9 millones de nuevos empleos netos en los últimos 25 años. Son responsables de 2 de cada 3 nuevos empleos y constituyen la columna vertebral de las economías locales.⁴
Pero detrás de estas cifras hay personas: soñadores, hacedores y constructores de comunidad.
Sin embargo, muchos siguen excluidos de los sistemas financieros tradicionales, y el acceso al capital continúa siendo una de las mayores barreras para el éxito de las pequeñas empresas. De hecho, el 77 % de las pequeñas empresas manifiesta preocupación por su capacidad para acceder al capital⁵, y el 70 % dispone de menos de cuatro meses de efectivo operativo⁶.
Ahí es donde el microcrédito se vuelve transformador: cierra la brecha con herramientas financieras para quienes durante mucho tiempo han sido ignorados. Toda pequeña empresa necesita acceso a capital y educación financiera para poner en marcha, hacer crecer o sostener su actividad, especialmente las de comunidades infrarrepresentadas.